Rousseau: Crítica a la Ilustración, Contrato Social y Educación

Rousseau y su Crítica a la Ilustración

Jean-Jacques Rousseau, figura prominente de la Ilustración, defendió los ideales de tolerancia y libertad. Sin embargo, también fue uno de sus críticos más severos, principalmente por dos razones:

  • Frente a la reivindicación ilustrada de la razón, Rousseau priorizó el sentimiento, anticipando así el Romanticismo.
  • Rechazó la idea de progreso ilustrada, argumentando que la ciencia, la técnica, las instituciones políticas y la civilización no mejoran al hombre, sino que originan la desigualdad, corrompen su bondad natural y lo hacen más infeliz.

Para Rousseau, la sociedad, tras su apariencia refinada, es un artificio que ha pervertido al ser humano, fomentando el lujo y el placer en detrimento de las cualidades morales.

Política: El Contrato Social

La principal contribución de Rousseau al pensamiento político es su teoría del contrato social, que busca explicar el origen del Estado como forma de organización política. Esta teoría se basa en tres ideas fundamentales:

  1. El ser humano es inherentemente bueno, amante de la justicia, la bondad y la paz.
  2. Las organizaciones sociales y políticas son las que corrompen al individuo.
  3. Es necesario establecer nuevas organizaciones sociales y políticas legítimas y priorizar la educación de los ciudadanos para regenerar al hombre.

El Buen Salvaje

Para comprender la condición humana antes de la sociedad y el Estado, Rousseau plantea la hipótesis del «buen salvaje». En este estado de naturaleza, el hombre es un ser feliz con dos tendencias naturales: el instinto de supervivencia y la compasión, que lo lleva a evitar el sufrimiento ajeno. Es inherentemente bueno y pacífico.

Sin embargo, la aparición de la propiedad privada marca la pérdida de la inocencia del hombre natural, dando origen a las desigualdades sociales. Estas desigualdades surgen de la capacidad de algunos para apropiarse de los recursos naturales y someter a otros a la dependencia económica. Esta nueva situación genera desconfianza, violencia y el recurso a la fuerza.

En este contexto, los propietarios convencen a los demás de la necesidad de crear una sociedad política basada en la propiedad y en una autoridad que la defienda. Este es el origen de la sociedad que, fundamentada en la propiedad individual, la desigualdad y la injusticia, ha corrompido la naturaleza original del hombre. En consecuencia, el hombre se vuelve menos feliz, menos libre y menos bueno.

No obstante, Rousseau creía que esta corrupción social podía rectificarse mediante un nuevo pacto social que permitiera a los hombres recuperar la libertad e igualdad perdidas.

La Voluntad General

A través de este nuevo pacto social, los hombres deciden someterse a la voluntad general o «yo común», que se convierte en la única autoridad legítima. Dado que todos los hombres son iguales por naturaleza y ninguno tiene autoridad sobre otro, solo una autoridad que emane del acuerdo entre ellos puede ser legítima. Este acuerdo debe garantizar tanto la seguridad del individuo frente a los demás como su libertad.

El nuevo pacto social implica que todos los individuos renuncien a sus intereses personales y sigan los dictados de la voluntad general. Cada individuo participa libremente en la definición de la voluntad general, y al someterse a ella, se obedece a sí mismo, ya que él mismo la ha definido. La voluntad general se caracteriza por buscar siempre el interés común, mientras que las voluntades particulares se dirigen a intereses privados.

El pacto garantiza la igualdad para todos: todos han aceptado someterse a la voluntad general, y por tanto, esta rige sobre todos por igual. La voluntad general es la norma de la comunidad, superior a los individuos que la conforman, y obliga tanto a la mayoría que la ha descubierto como a la minoría que votó en contra. Rousseau justifica así el Estado liberal democrático.

Rousseau distingue dentro del Estado el poder ejecutivo (la fuerza) y el poder legislativo (la voluntad). El poder legislativo reside en el pueblo soberano. El legislador elabora la ley, pero solo se convierte en ley cuando el pueblo la aprueba mediante sufragio libre. El legislador no debe ejercer el poder ejecutivo para evitar la corrupción. Tampoco le corresponde al pueblo el poder ejecutivo, sino que es necesario un agente que ejerza la fuerza pública de acuerdo con los mandatos de la voluntad general.

En cuanto a la mejor forma de gobierno, Rousseau adopta una postura cautelosa. En general, el gobierno democrático es adecuado para los Estados pequeños, el aristocrático para los medianos y la monarquía para los grandes.

El Problema de Dios

Para Rousseau, el Estado debe ser laico y no fundamentarse en ninguna religión. No debe existir una religión nacional exclusiva, pero se deben tolerar todas aquellas que toleren a las demás y que no contengan dogmas contrarios a los deberes del ciudadano o que atenten contra su libertad. El Estado no debe intervenir en las creencias religiosas de los ciudadanos, sino procurar su bienestar y preservar su libertad.

Rousseau defendió una «religión natural», opuesta tanto al agnosticismo y al ateísmo como al fanatismo y la superstición de la religión tradicional. Para él, el único culto que Dios pide es un corazón sencillo, ajeno a dogmas y tesis teológicas.

La Educación

Rousseau propone un proyecto educativo para formar hombres felices y buenos ciudadanos. Parte de la idea de que si el hombre es bueno por naturaleza, el objetivo de la educación es evitar que esa naturaleza se corrompa, sin modificar las tendencias innatas del ser humano.

La infancia es una etapa clave en el proceso educativo. No se debe educar al niño razonando, ya que el razonamiento no es apropiado para esta etapa. El niño debe ser educado en el campo, lejos de las influencias de la sociedad, los libros e incluso su propia familia, y el preceptor debe esforzarse para que extraiga lecciones de sus propias experiencias. Tres principios fundamentales deben guiar la educación del niño:

  • Evitar que adquiera hábitos que puedan enturbiar su inocencia natural.
  • Desarrollar su libertad.
  • Hacerlo fuerte, es decir, capacitarlo para hacer lo que realmente desee.

En la adolescencia, de los 12 a los 15 años, se debe desarrollar una educación intelectual, orientando la atención del muchacho hacia las ciencias a través del contacto directo con las cosas. Entre los 15 y los 20 años, edad de la razón y las pasiones, es necesario ordenar las pasiones del joven e instruirlo en el orden moral. Ahora debe centrarse en la dimensión social y comunitaria, el amor al prójimo y la justicia.

Finalmente, se le hablará de la religión. Como se ha dicho, Rousseau defiende una «religión natural» libre de fanatismos y supersticiones, sencilla y sin dogmas ni tesis teológicas. Por último, el alumno debería hacer lo más difícil: integrarse en la vida social y política cumpliendo unas condiciones imprescindibles: persistir en el deseo de alcanzar la verdad, ser tolerante y no dejarse llevar por las pasiones.

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