El Cogito Cartesiano: La Certeza del Yo Pensante

1. Localización y contextualización

El fragmento pertenece a la Meditación Segunda de René Descartes, una de las seis meditaciones metafísicas que conforman su obra Meditaciones Metafísicas (1641). Esta obra es fundamental en la historia de la filosofía, pues marca el inicio del racionalismo moderno y el desarrollo del método cartesiano basado en la duda metódica.

En este contexto, Descartes busca un conocimiento absolutamente indudable y, para ello, somete todas sus creencias a la duda radical, poniendo en cuestión la existencia del mundo exterior, de su propio cuerpo y de todo aquello que pueda ser producto del engaño de un genio maligno. En la Meditación Segunda, intenta descubrir qué puede considerarse verdadero incluso bajo esta duda extrema.

2. Problema filosófico del texto

El problema filosófico central que plantea el texto es el problema de la certeza del conocimiento y la existencia del yo.

Descartes se pregunta:

  • ¿Cómo puedo estar seguro de que existo si todo lo que percibo puede ser falso?
  • ¿Hay algo que no pueda ser puesto en duda?

Para resolverlo, somete todas sus creencias a la duda radical y descubre que la única verdad indudable es el cogito, ergo sum («pienso, luego existo»). Este problema se enmarca dentro de la epistemología (teoría del conocimiento) y tiene implicaciones en la metafísica, ya que lleva a la distinción entre mente (res cogitans) y cuerpo (res extensa), sentando las bases del dualismo cartesiano. Este problema sigue vigente en la filosofía moderna, influyendo en debates sobre la conciencia, la mente y la realidad.

3. Explicación del contenido

En el texto, Descartes sigue avanzando en su proceso de duda y análisis filosófico. Después de haber negado la certeza de los atributos corporales (nutrición, movimiento, sensibilidad), llega a una única conclusión indudable: el pensamiento. Es decir, aunque todo lo demás pueda ser falso, el hecho de que está dudando y pensando es incuestionable. Esto lo lleva a su primera verdad fundamental: «Yo soy, yo existo», pero con la condición de que esta existencia solo se sostiene mientras piensa. De aquí surge su célebre principio: cogito, ergo sum («pienso, luego existo»).

En el texto también se percibe la importancia de la relación entre pensamiento y existencia. Descartes sostiene que si dejara de pensar, podría dejar de existir, lo que implica que la esencia del yo no reside en su corporalidad, sino en su capacidad de pensar. Esto marca una ruptura con la tradición aristotélica y escolástica, que consideraba al ser humano como una unidad de cuerpo y alma. Descartes, en cambio, sienta las bases del dualismo cartesiano, diferenciando radicalmente la res cogitans (sustancia pensante) de la res extensa (sustancia material).

Ideas principales

  1. La duda absoluta sobre la existencia del cuerpo. Descartes plantea la posibilidad de que un genio maligno lo engañe en todo, lo que le lleva a dudar incluso de la existencia de su propio cuerpo.
  2. La imposibilidad de confiar en los sentidos. Al recordar que ha creído sentir cosas en sueños que en realidad no ocurrieron, concluye que los sentidos no garantizan conocimiento cierto.
  3. El pensamiento como única certeza. Descartes descubre que, aunque dude de todo, no puede dudar de que está pensando, lo que lo lleva a la conclusión de que su existencia depende del pensamiento.
  4. El cogito, ergo sum. La primera verdad indudable es que, mientras piensa, existe. Su existencia es inseparable del acto de pensar.

Ideas secundarias

  1. Negación de las funciones corporales. Nutrirse y moverse son atributos del cuerpo; al dudar de su cuerpo, también duda de estas funciones.
  2. El pensamiento como atributo esencial del yo. Mientras que los sentidos pueden engañarlo, el pensamiento es la única actividad que no puede ser separada de su existencia.
  3. Condicionalidad de la existencia. Descartes sugiere que si dejara de pensar, dejaría de existir, lo que refuerza la idea de que su ser está definido por el pensamiento.
  4. Rechazo del empirismo. Su análisis implica que el conocimiento no proviene de la experiencia sensorial, sino de la razón y la introspección.

4. Relación con la filosofía de Descartes y su influencia

El cogito es el punto de partida del racionalismo y de la filosofía moderna. Descartes introduce un modelo de conocimiento basado en la razón, alejándose del empirismo aristotélico y de la autoridad de la tradición. Su pensamiento influenció corrientes posteriores, como el idealismo de Kant y el racionalismo de Spinoza y Leibniz.

Asimismo, el dualismo cartesiano marcó profundamente la filosofía, la psicología y la ciencia, abriendo el debate sobre la relación entre mente y cuerpo que sigue vigente en la actualidad.

5. Conclusión crítica

El texto refleja el método cartesiano en su máxima expresión: la búsqueda de una verdad absoluta a través de la duda. No obstante, se pueden hacer críticas a su planteamiento. Algunos filósofos, como Hume, cuestionaron la existencia del «yo» como una sustancia unitaria, mientras que el empirismo rechazó la idea de que la razón pueda fundamentar por sí sola el conocimiento.

Sin embargo, la importancia del cogito es innegable, ya que estableció un nuevo paradigma filosófico basado en la certeza racional. Su influencia perdura en la filosofía contemporánea, en debates sobre la subjetividad, la conciencia y la naturaleza del conocimiento.

6. Comparación Descartes-Platón

La filosofía cartesiana tiene muchas similitudes con la platónica. En la antigua Grecia (siglo IV a.C.), Platón desarrolló un pensamiento idealista para responder al problema de la realidad planteado por los presocráticos y al relativismo de los sofistas. Para él, el conocimiento verdadero se encuentra en el mundo de las Ideas, con una finalidad ética y política: educar a los gobernantes para lograr una sociedad justa. Descartes, filósofo del siglo XVII, también buscó el conocimiento verdadero, en su caso para enfrentar la confusión y la diversidad de teorías de la filosofía escolástica medieval. A continuación, veremos algunos aspectos clave en los que ambos autores se parecen.

6.1 Ontología

Según Platón, la realidad verdadera es el mundo inteligible, porque es universal e inmutable. El mundo sensible es secundario y solo existe porque imita al mundo inteligible. Descartes distingue tres realidades: el mundo físico, el alma y Dios. La sustancia extensa es el mundo material, al que le reconoce una realidad que Platón no le da. Sin embargo, para Descartes, este mundo físico no es el mismo que el mundo sensible de Platón, sino un mundo matematizable, regido por leyes físicas y matemáticas.

6.2 Epistemología

Para Platón, del mundo físico solo podemos tener opiniones, que no son conocimiento verdadero. Los sentidos solo muestran apariencias, y el verdadero conocimiento viene de la razón y las Ideas, que el alma conoció antes de encarnarse en el cuerpo (innatismo). Descartes coincide en que el conocimiento más alto es el racional y que las opiniones no tienen valor. También desconfía de los sentidos como fuente de conocimiento y acepta la existencia de ideas innatas, aunque añade otras: adventicias (que vienen de la experiencia) y facticias (creadas por nosotros). Sin embargo, para Descartes, las ideas solo existen en la mente, mientras que para Platón existen realmente. La gran diferencia entre ambos es que Descartes tiene un enfoque subjetivista de la verdad: es verdadera solo si la razón la percibe con claridad y distinción. En cambio, Platón tiene un enfoque objetivista: el conocimiento es verdadero si trata sobre las Ideas.

6.3 Antropología

Para Platón, el ser humano es su alma, que tiene tres partes, siendo la racional la más importante y la única inmortal. El alma debe separarse de los sentidos para alcanzar el verdadero conocimiento.

Descartes también defiende un dualismo, donde el hombre está compuesto por dos sustancias separadas: el alma (sustancia pensante) y el cuerpo (sustancia extensa). Estas se comunican a través de la glándula pineal. Igual que Platón, considera que el alma racional es inmortal y que el conocimiento requiere esfuerzo y disciplina, luchando contra los sentidos.

6.4 Ética

Descartes quería usar la razón para encontrar la verdad en las ciencias, situando la ética entre los conocimientos más elevados. Su objetivo era saber cómo actuar y tomar decisiones correctas, por lo que su filosofía tiene una finalidad práctica y moral. Platón también cree que el filósofo debe ascender al conocimiento del Bien para vivir correctamente en lo privado y lo público. Sin embargo, a diferencia de Platón, Descartes no muestra interés por la política.

7. El Método Cartesiano

Descartes propuso que la razón, aunque naturalmente capaz de alcanzar la verdad, requiere un método seguro para evitar errores. En su Discurso del método, estableció cuatro reglas fundamentales:

  1. Regla de evidencia: Solo se debe aceptar como verdadero aquello que se perciba con claridad y distinción. Las ideas se dividen en:
    • Adventicias: provienen de la percepción sensible (ej. caballo, frío).
    • Facticias: creadas por la imaginación (ej. centauro).
    • Innatas: surgen de la razón y son las únicas claras y distintas (ej. triángulo, pensamiento). Estas ideas se obtienen mediante la intuición intelectual, que capta conceptos simples sin margen de error.
  2. Regla de análisis: Consiste en descomponer los problemas en partes más simples para facilitar su comprensión.
  3. Regla de síntesis: Se deben organizar los pensamientos desde lo más simple hasta lo más complejo. Aquí interviene la deducción, que permite obtener nuevos conocimientos a partir de premisas ciertas.
  4. Regla del recuento: Es necesario revisar cada paso para asegurarse de no cometer errores.

8. La Duda Metódica

Para alcanzar una certeza absoluta, Descartes propuso una duda metódica, universal y voluntaria. No es escepticismo, sino un método para examinar la validez del conocimiento. Sus razones para dudar incluyen:

  1. La falacia de los sentidos: Los sentidos pueden engañarnos.
  2. La imposibilidad de distinguir entre sueño y vigilia: Podríamos estar soñando sin darnos cuenta.
  3. La hipótesis del genio maligno: Un ser poderoso podría estar manipulando nuestra percepción de la realidad, incluso en matemáticas.

9. La primera certeza: La existencia del yo

Al dudar de todo, Descartes llegó a la certeza de que, aunque pueda dudar del mundo exterior, no puede dudar de la existencia de un «yo» que duda. Esta certeza se expresa con la famosa frase «Pienso, luego existo». El pensamiento es lo único indudable, incluso si todos los pensamientos fueran falsos. El «yo pienso» es la primera idea clara y distinta, y demuestra que el pensamiento existe. Descartes reflexionó sobre la pregunta «¿Quién soy yo?», concluyendo que el «yo» es una sustancia pensante, cuya actividad es el pensamiento, que incluye entender, afirmar, dudar, etc. Esta sustancia pensante se identifica con el alma, cuyas facultades son:

  • El entendimiento: limitado, ya que solo puede conocer ideas claras y distintas.
  • La voluntad: ilimitada, puede aceptar o rechazar ideas y juzgar libremente.

10. La segunda certeza: Dios

A partir de la certeza del «yo pienso», Descartes buscó demostrar la existencia de la realidad externa. Para superar la duda, pensó que solo Dios podría permitir que el «yo pienso» se conectara con la realidad exterior. Reflexionó sobre la idea de Dios, que es innata en él. Consideró que:

  • No puede ser adventicia, ya que no proviene de lo externo.
  • No puede ser facticia, porque la imaginación no puede crear la idea de perfección máxima.
  • Por lo tanto, la idea de Dios es innata, puesta por una realidad más perfecta: Dios.

La idea innata de Dios es clara y distinta, ya que solo podemos conocer lo finito e imperfecto si tenemos la idea de lo infinito y perfecto. Para Descartes, la existencia de Dios es esencial para asegurar que nuestras ideas son verdaderas. Si Dios existe, no puede haber un genio maligno que nos engañe. Por lo tanto, Dios es la garantía del ser y del conocimiento. Descartes presentó tres argumentos para demostrar la existencia de Dios:

  1. Argumento de la causa: La idea de Dios, siendo infinita, no puede provenir de un ser finito. Solo un ser infinito puede causarla, por lo que Dios existe.
  2. Argumento de la existencia de nosotros: No podemos ser causa de nuestra propia existencia, ya que no somos perfectos. Solo Dios puede ser la causa de nuestra existencia.
  3. Argumento ontológico: La idea de un ser perfecto implica necesariamente la existencia real de ese ser, pues es más perfecto existir en la realidad que solo en la mente. Así, Dios debe existir fuera de nuestro pensamiento.

Descartes describió a Dios como una sustancia eterna, inmutable, omnisciente, omnipotente y creadora de todo lo que existe. Esta demostración elimina la hipótesis del genio maligno y valida las matemáticas. Además, permite conocer el mundo material, ya que un Dios perfecto no engañaría a los seres humanos. El error se origina en la libertad de la voluntad, que puede aceptar o rechazar ideas equivocadas.

11. La tercera certeza: La existencia de los cuerpos materiales

Descartes identificó la extensión en tres dimensiones (longitud, anchura y profundidad) como la primera idea clara y distinta relacionada con los objetos materiales. Sin embargo, no dedujo la existencia de los cuerpos a partir de esta idea ni de la del yo, que es inmaterial. Argumentó que, dado que Dios es veraz, nuestras ideas sobre lo extenso provienen de sustancias corpóreas reales, aunque no coincidan completamente con lo que perciben los sentidos. Para Descartes, el conocimiento humano es una representación mental de la realidad, donde las ideas reflejan las cualidades primarias de las cosas, pero no las cualidades secundarias percibidas por los sentidos. Explicó los objetos materiales en términos de extensión y cantidad, rechazando conceptos aristotélicos como la forma o la naturaleza. También adoptó una visión mecanicista del cambio, aceptando solo el movimiento local y la causa eficiente atribuida a Dios.

Respecto a los seres vivos, Descartes negó que los animales tuvieran pensamiento o espíritu, considerándolos como máquinas automáticas compuestas solo por partes materiales.

12. Metafísica cartesiana: Las tres sustancias

Descartes identifica tres ideas claras y distintas: yo, Dios y el mundo, que corresponden a tres sustancias. El yo es una sustancia pensante, Dios es una sustancia infinita y perfecta, y el mundo es una sustancia extensa. Para Descartes, una sustancia es aquello que existe por sí misma sin necesidad de otra. Esta definición solo se aplica a Dios, ya que las demás sustancias, como el yo y el mundo, existen por sí mismas. Distinguió entre atributos y modos:

  • Atributos: Son la esencia de cada sustancia. El atributo de la sustancia pensante es el pensamiento, y el de la sustancia extensa es la extensión. Son distintos, ya que uno puede existir sin el otro.
  • Modos: Son propiedades no esenciales que pueden cambiar, como la figura o el movimiento en la sustancia extensa, y el amar o odiar en la sustancia pensante. No hay modos en Dios, pues Él no está sujeto a variación.

Este sistema abarca toda la realidad según estas tres sustancias y sus características.

13. Antropología cartesiana

El ser humano requiere una consideración especial, ya que, además del cuerpo, posee pensamiento o alma. Descartes consideró el cuerpo humano similar al de los animales, sujeto a las leyes mecanicistas, mientras que el alma, como pensamiento, es completamente distinta. El ser humano resulta de la unión de una sustancia pensante (alma) y una sustancia extensa (cuerpo), aunque son independientes. Descartes defendió un dualismo, similar al de Platón, pero con un enfoque diferente. Por ser sustancia pensante, el alma humana es:

  • Espiritual: El alma es independiente del cuerpo.
  • Inmortal: El alma puede existir sin el cuerpo.
  • Libre: El alma actúa según la libertad de la voluntad, no sujeta a las leyes mecanicistas.

En Las pasiones del alma, Descartes explica que percibimos la unión entre alma y cuerpo a través de las pasiones, donde ambas sustancias interactúan. Resumió las pasiones en seis principales: admiración, amor-odio, alegría-tristeza y deseo.

Las acciones del cuerpo son pasiones del alma, y las acciones del alma afectan al cuerpo. Aunque las pasiones podrían parecer determinadas por las leyes mecánicas, Descartes argumenta que la voluntad libre puede controlarlas. Un soldado, por ejemplo, puede sentir miedo pero decide no abandonar su puesto. El problema que planteó Descartes fue cómo el alma y el cuerpo, siendo sustancias distintas, pueden influirse mutuamente. Su solución fue vincular el alma a la glándula pineal en el cerebro, que generaría «espíritus animales» para conectar ambas sustancias. Sin embargo, esta propuesta no fue completamente coherente y dejó el problema sin resolver, siendo abordado más tarde por otros filósofos que apelaron a la intervención de Dios.

14. La moral cartesiana

Descartes elaboró una moral provisional mientras fundamentaba el saber teóricamente. La moral definitiva sería el resultado práctico del desarrollo racional de la ciencia, aunque nunca la sistematizó. La moral provisional se presentó en el Discurso del Método mediante cuatro reglas:

  1. Someterse a las leyes y costumbres del país, conservar la religión en la que uno fue instruido y seguir las opiniones más moderadas. Esto busca la felicidad individual y la paz con los demás.
  2. Ser firme en las propias acciones una vez tomadas decisiones.
  3. Vencer los propios deseos antes que el orden del mundo. La perfección humana depende de la acción libre y de cómo afrontar lo que la voluntad no puede cambiar.
  4. Dedicar la vida al conocimiento de la verdad. Aunque falte claridad, seguir con firmeza lo que dicta nuestra voluntad, que siempre busca lo mejor.

Descartes afirmaba que la certeza moral no requiere la evidencia de la teoría, ya que no se basa en la inteligencia, sino en la libre decisión de la voluntad.

15. Coordenadas cartesianas

Debido a su mala salud, Descartes pasaba mucho tiempo en la cama. Un día, observando una mosca, se preguntó si se podría determinar su posición en cada instante. Pensó que, conociendo la distancia a dos superficies perpendiculares (pared y techo), se podría determinar su ubicación. Tomó un papel, dibujó dos rectas perpendiculares y notó que cualquier punto quedaba definido por su distancia a los dos ejes. A esas distancias las llamó coordenadas, creando las Coordenadas Cartesianas y, con ello, la Geometría Analítica.

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