El Conocimiento Absoluto en la Filosofía de Hegel

La Dialéctica como Estructura del Conocimiento

El carácter dialéctico, tal como lo venimos considerando, y su sentido, tienen igual alcance y significación en lo que se refiere al conocimiento o al saber («conocimiento dialéctico», «método dialéctico»). El tema del conocimiento o del saber tiene una inserción clara en la filosofía de Hegel (al igual que en las demás filosofías, si bien no en el mismo sentido). En efecto, entre las diferentes (y no por ello contradictorias) caracterizaciones que Hegel da de la filosofía se encuentra ésta: «el conocimiento efectivo de lo que es en verdad» (Fenomenología del Espíritu, Introducción). Es decir, la teoría acerca de la realidad requiere y va de la mano con la dilucidación de lo que es el conocimiento, el saber; en una palabra, de lo que es «pensar». Como es sabido, en la relación «ser-pensar» se ha venido realizando una dimensión fundamental de la filosofía a lo largo de su historia.

Pues bien, según Hegel, también el conocimiento tiene una estructura «dialéctica». Y la tiene no por modo originario en relación con la realidad, con el ser, sino más bien, y en todo caso, al revés: porque la realidad es dialéctica, también es dialéctico el conocimiento, en cuanto que éste es un momento o dimensión de lo real, y en cuanto que el conocimiento se configura y expresa dialécticamente al expresar y manifestar adecuadamente la naturaleza dialéctica de la realidad. Pero en verdad —y apreciar debidamente esto es de singular importancia— tales distinciones y separaciones entre «conocimiento» y «realidad», «pensar» y «ser», etc., son inadecuadas, según Hegel, justamente en razón del carácter dialéctico de la realidad en general y del principio o frase hegeliano, ya dado, de que «lo verdadero es el todo». Lo que en cualquier caso hay es la interna y estructural relación entre «ser y pensar», o con otras palabras, entre «sujeto y objeto».

Tras lo dicho, bastará con señalar, acerca de la estructura dialéctica del conocimiento, lo siguiente:

  1. El conocimiento consiste estructuralmente en la relación «sujeto-objeto», de modo que cada uno de los momentos de esta relación sólo lo es por mor del otro. Pero con la peculiaridad de que cada uno de ellos «niega y contradice» al otro, dándose entre ellos una desigualdad y desajuste (que de ser definitivos e insuperables harían imposible una plena verdad), desigualdad que impone un «proceso» de «transformación» en el que se tienda a la igualdad o «identidad».
  2. El proceso encaminado a superar la diferencia entre objeto y sujeto tiende a la identidad de ambos. Es decir, se tiende a la reducción de uno al otro. Sólo en la identidad total que se alcanza en la total reducción es dado alcanzar un conocimiento total y absoluto; es decir, un conocimiento que sabe la totalidad de lo real. Hegel, como ya señalamos, pretende hacer de la filosofía un sistema, acabar con la admisión de un «en sí» incognoscible; en una palabra, un conocimiento absoluto. Sólo un conocimiento total y que sepa la totalidad de un modo absoluto merece, según Hegel, el nombre de verdadero conocimiento (él le da el nombre de «ciencia», término que en Hegel tiene muy poco que ver con su acepción «científico-positiva»). El conocimiento dialéctico es un conocimiento absoluto: y no sólo porque llega a saber la totalidad de lo real, sino porque además sabe cada cosa o realidad particular «en relación al todo y como formando un momento del todo». Así, sólo en relación (y gracias) al conocimiento o saber absoluto cada determinado y provisional conocimiento «relativo» (esto es, parcial) adquiere validez y sentido. El conocimiento dialéctico es, pues (y en el modo preciso que se ha indicado), un conocimiento absoluto; tesis «epistemológica» que está en estrecha conexión con la tesis «ontológica» de que lo verdadero es el todo.
  3. En la reducción a la identidad absoluta en que se alcanza el verdadero y pleno conocimiento dialéctico tiene lugar la disolución de uno de los momentos estructurales del conocimiento en el otro. Y Hegel interpretará esta disolución y reducción como la reconversión del «objeto» en el «sujeto»: será, pues, en el sujeto y como sujeto como se alcance la identidad absoluta. La identidad será pues una identidad en y del sujeto: una identidad subjetual. Mas con esta reducción no sólo se cumple una reducción «epistemológica» (del «objeto» de conocimiento al «sujeto» del conocimiento), sino también y además una reducción «ontológica» (del «ser» en el «pensar»): «según mi modo de ver —escribe Hegel— todo depende de que lo verdadero no se aprehenda y se exprese como sustancia, sino también y en la misma medida como sujeto» (Fenomenología del espíritu, Prólogo).

Y siendo el sujeto del saber, en último término, pensamiento (Denken), razón (Vernunft) o idea (sobre el sentido y las diferencias de estos términos no procede entrar aquí), la reducción al sujeto, la reducción del ser al pensar, convierte a la filosofía hegeliana en «idealismo», un idealismo absoluto. Con lo que, en verdad y en último término, no se trata tanto de la reducción del ser al pensar como de la interpretación de lo real, del ser, como idea o razón. «Todo lo real es racional», escribirá Hegel. Acaso sea el término «espíritu» el que mejor exprese la naturaleza de lo real. El pasaje siguiente puede expresar muy bien y brevemente la línea fundamental de cuanto venimos exponiendo: «el que lo verdadero sólo es real como sistema o el que la sustancia es esencialmente sujeto, se expresa en la representación que enuncia lo absoluto como espíritu, el concepto más elevado de todos y que pertenece a la época moderna… Sólo lo espiritual es lo real»(ibídem).

Estructura de la Dialéctica

Tras lo dicho en el epígrafe anterior, parece que queda clara una cuestión planteada a propósito de la «dialéctica» hegeliana, a saber, si la dialéctica es un «método» de conocimiento (el «método dialéctico») o es algo más. La dialéctica expresa y constituye para Hegel la naturaleza y estructura de lo real, y por ello también constituye el modo de proceder del conocimiento y de acceder a la captación y expresión de lo real («modo de proceder» y «de acceder» valen aquí para expresar lo que significa «método», «metá-odos»).

Suele haber cierta inclinación y hábito de caracterizar la estructura y esencia de la dialéctica mediante la mera mención de las palabras «tesis», «antítesis» y «síntesis», como tres pasos sucesivos en que se cumple la dialéctica. Sin embargo, ya el mismo Hegel previno contra el grave y acechante riesgo de entender esta «triplicidad» de un modo abstracto y formalista, con la consiguiente desvirtuación de su naturaleza. Muchísimo más hegeliano es pensar la dialéctica como un todo estructural complejo constituido por tres momentos o aspectos co-implicados, y que Hegel denomina: a) el aspecto «abstracto o intelectual»; b) el momento «dialéctico o negativo-racional», y c) el momento o aspecto «especulativo o positivo-racional» (para su detallada y precisa consideración, véase, si se quiere, el parágrafo 79 y ss. de la Enciclopedia de las ciencias filosóficas).

Estos tres momentos de la dialéctica hegeliana están vertebrados y constituidos en una estructura, cuya adecuada comprensión se alcanza mediante lo que podríamos denominar «categorías» fundamentales de la dialéctica y que, de alguna manera, hemos visto «funcionar» en la caracterización del «sentido» de la dialéctica. Estas categorías fundamentales de la dialéctica son las de: a) inmediatez-mediación; b) totalidad; c) negatividad-contradicción, y d) superación.

El Concepto de Espíritu

«Espíritu» significa para Hegel el objeto y el sujeto de la autoconciencia, y consiste en «actividad», «desarrollo» e incesante «progreso». Por ello mismo resulta extraordinariamente difícil y pobre caracterizarlo al margen de las formas en que se configura, de su desarrollo y resultados. El espíritu sólo llega a ser efectivamente lo que es a través de «manifestaciones». De un modo anticipativo cabe aproximarse a su naturaleza a través de los conceptos de «yo», «sujeto» e «infinito».

  • Espíritu es aquello a que me refiero con el pronombre “yo”, aquello de que soy consciente cuanto más íntimamente entro en mí mismo y me sé como «actividad productiva». El lema «conócete a ti mismo» expresa con rigor la tarea de la obra de Hegel en cuanto saber del espíritu y sus manifestaciones.
  • En cuanto «actividad», el espíritu es «sujeto», en la medida que está y se constituye en una relación con lo otro de sí y en ello reconoce y a ello lo reconoce como un momento de sí mismo, continua «mediación» con toda forma de «objetividad».
  • En cuanto «yo» y «sujeto», el espíritu es «infinito»: no en el sentido de una extensión indefinida, ni como una realidad trascendente, sino en cuanto que en la absoluta relación con lo otro de sí se posee a sí mismo, reconoce a lo otro como su sí mismo y en esta relación objetiva está consigo mismo; es decir, es y se realiza como libertad.

Las Formas del Espíritu

El desarrollo del espíritu supone, según su propia naturaleza, un proceso o desarrollo:

  • El espíritu en la forma de la relación consigo mismo. Se trata del espíritu subjetivo.
  • El espíritu en la forma de la realidad «como de un mundo a producir». Tal es el espíritu objetivo.
  • El espíritu en la forma de la unidad de su «objetividad» y de su «subjetividad». Tal es el espíritu absoluto.

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