Existencia de Dios y Corrientes Filosóficas: De la Edad Media a la Posmodernidad

Un Clásico Problema Metafísico en la Filosofía Medieval: ¿Existe Dios?

El Problema: Hubo muchos filósofos que a lo largo de la historia trataron de dar argumentos racionales, pruebas de la existencia de Dios y otros muchos que cuestionaron, racionalmente, estos argumentos. Hay un concepto teísta que concibe a Dios como creador del mundo desde la nada y ejerciendo una providencia, es decir, un cuidado sobre el mundo. Este Dios es un ser personal con el cual el hombre puede comunicarse a través de la plegaria. El concepto teísta es la idea de Dios sostenida por las grandes religiones. En el concepto deísta, Dios es entendido como la causa primera o primer principio. Pero no se trata de un ser personal, ni se comunica con el hombre, ni ejerce una providencia sobre el mundo. Una tercera manera de entender a Dios es al modo panteísta: para el panteísmo, Dios y el mundo constituyen una unidad, o bien el mundo es una manifestación de Dios, panteísmo acósmico, o bien Dios es el mundo completamente realizado, panteísmo ateo. Para Hegel, Dios, sin el mundo, no es Dios. Las argumentaciones que consideraremos un poco más adelante pretenden probar la existencia de Dios en un sentido deísta, aun las pruebas proporcionadas por los filósofos y teólogos cristianos como San Anselmo y Santo Tomás. La consideración filosófica de la existencia de Dios arranca en la filosofía antigua y se prolonga en la moderna y la contemporánea, pero tiene su centro en la filosofía cristiana medieval.

La Filosofía en la Modernidad

Descartes y el Racionalismo

René Descartes (1596-1650). Durante su juventud estudió en un colegio jesuita donde recibió las enseñanzas escolásticas contra las que reaccionó más adelante. Fue acusado de ateísmo y sus obras llegaron a ser quemadas. Un punto de partida para comprender el pensamiento cartesiano puede hallarse en el comienzo de las Meditaciones Metafísicas donde afirma que a lo largo de su vida ha admitido como verdaderas una cantidad de opiniones falsas y todo lo edificado sobre ellas no puede ser sino dudoso e incierto. Descartes expresa sus dudas sobre todo aquello que le han enseñado, es el sentimiento de la época. Si el conocimiento tradicional ha mostrado no ser muy firme, es necesario “empezar de nuevo, desde los fundamentos”. Para esto es que necesita un método: el elemento esencial de ese método es la duda, ahora transformada en instrumento: no habrá que admitir proposición alguna que no sea indubitable. La preocupación por el método también está presente en F. Bacon. El método es concebido por ambos filósofos como un camino para descubrir nuevas verdades. El método que propone Descartes consta de 4 reglas:

  • La primera propone un criterio de verdad, es decir, una pauta para distinguir la verdad de la falsedad. La escolástica tenía un concepto realista de verdad: la adecuación, y un criterio que le correspondía: la evidencia. Desde la perspectiva cartesiana, las cosas no nos son dadas sino a través de ideas o, el conocimiento siempre está constituido por ideas y el criterio de verdad ya no es un accesorio. El criterio de verdad de Descartes es la evidencia racional. Una idea es verdadera cuando es evidente y es evidente cuando es clara y distinta: “claro” se opone a “oscuro” y “distinto” a “confuso”.
  • La segunda regla propone dividir cada cuestión hasta llegar a sus elementos, se trata del análisis que permite llegar a las “naturalezas simples” que son conocidas a través de una intuición intelectual.
  • La tercera regla o regla de síntesis recomienda ascender poco a poco hasta el conocimiento de las cosas compuestas.
  • Finalmente, la regla de la enumeración propone revisar todo el proceso para evitar errores u omisiones.

La idea de un método que puede ser aplicado por cualquiera, para llegar a la verdad es una idea revolucionaria. Sin embargo, dice Descartes que hay tres ámbitos donde el método no se debe aplicar: cuestiones teológicas, morales y políticas, porque el libre examen cuando se pasa de las cuestiones teóricas al plano práctico, concluiría a la subversión de todas las costumbres. Descartes aplica su método a la búsqueda de alguna verdad fundamental, sobre la cual edificar firmemente el saber. No la encuentra en los datos que proporcionan los sentidos, ni en las matemáticas. Puede dudar de todo, Descartes aparece como un escéptico. “Pienso luego existo” se constituye en la primera verdad. La primera certeza es la existencia. La existencia de Dios y la del mundo se derivarán de esta verdad. Nunca se le había dado un papel tan fundamental al sujeto pensante. Descartes es el fundador del racionalismo moderno. La razón se constituye en la fuente y base del conocimiento humano. Para el racionalismo, nuestra conciencia posee ideas innatas.

Hume y el Empirismo

Mientras en Europa continental se desarrolla el racionalismo, en Inglaterra crece otra rama de la filosofía moderna: el empirismo. Según el empirismo, el conocimiento se halla fundado en la experiencia y por experiencia en última instancia se entiende algún tipo de información sensorial. Para los empiristas no hay ideas innatas; por el contrario; la conciencia es una tabla rasa y quien escribe es la experiencia. La escuela empirista británica incluye a F. Bacon, a J. Locke, G. Berkeley y David Hume. El empirismo continúa siendo una corriente filosófica muy importante en la actualidad. David Hume nació en Edimburgo. Sus obras principales son el Tratado sobre la naturaleza humana (1739) y la Investigación sobre el entendimiento humano (1751). Hume establece una distinción entre las impresiones y las ideas. Las primeras están dadas por las sensaciones de cualquier tipo de experimentos, las segundas –son– las huellas que quedan de las primeras en el pensamiento. Una segunda distinción que efectúa Hume es entre impresiones o ideas simples e impresiones o ideas complejas. La impresión o idea de “rojo” es simple, mientras que la impresión o idea de “manzana” es compleja. El criterio que emplea para distinguir entre unas y otras es la indivisibilidad de las primeras frente a las separaciones que se pueden efectuar en las segundas. Pasa a estudiar las relaciones entre impresiones e ideas y lo primero que le parece digno de descartar es la extraordinaria semejanza entre impresiones e ideas en todos los aspectos excepto en cuanto a su fuerza y vivacidad; las impresiones son más fuertes y vivaces que las ideas. Las ideas simples, siempre se asemejan a las impresiones simples. En el orden temporal, la impresión precede a la idea, y si una persona tiene atrofiado algún sentido, no puede recibir la impresión, ni formarse la idea correspondiente. Afirmar que las ideas simples derivan de impresiones simples. No hay ideas innatas, ni tampoco hay ideas universales. En principio Hume, la prioridad de las impresiones sobre las ideas, se constituye en el principio fundamental del empirismo, y en el criterio de la verdad de las ideas; una idea debe corresponder, en última instancia, siempre a una impresión. Si no se pueden señalar las impresiones en que descansa la idea, la misma es ilegítima. La filosofía de Hume realiza una fuerte crítica a la metafísica y la teología escolástica. Hume es un escéptico en la materia de metafísica, reconoce a la matemática y a la ciencia natural como los dos únicos conocimientos legítimos. Es interesante comparar el estilo de Hume con el de Descartes para observar los diferentes métodos del empirismo y del racionalismo. Hume, para probar su tesis de que las ideas son copias débiles de las impresiones, acude a multitud de ejemplos particulares para establecer inductivamente la conclusión general. Descartes procede por vía deductiva buscando una verdad indubitable; una vez encontrada, “pienso luego existo”, prosigue mediante la deducción para mostrar la existencia de Dios y del mundo. Inducción y deducción, observación empírica y especulación de alto vuelo, son algunos caracteres contrapuestos del empirismo y del racionalismo.

El Idealismo en la Filosofía Moderna

La filosofía antigua y medieval es fundamentalmente realista, afirma que lo que conocemos son cosas que existen fuera del sujeto y las conocemos tal como esas cosas son. La postura realista expuesta por Aristóteles: nuestro conocimiento llega a cosas que existen con independencia del sujeto y éste, mediante el conocimiento, logra una imagen que constituye un duplicado de las mismas. Desde la perspectiva realista, conocer es descubrir, develar los objetos por un sujeto. La verdad consiste en decir de lo que es que es y de lo que no es que no es, es decir, en la correspondencia o la concordancia entre el pensamiento y la realidad. Esta idea se denomina concepto transcendente de la verdad. Hay un mundo de objetos y el sujeto se empeña en descubrirlo; en este descubrimiento consiste conocer. Con la filosofía moderna surge el idealismo. En esta corriente, el papel predominante, ya no lo tiene el objeto, sino el sujeto. El objeto no es descubierto por el sujeto, sino que es constituido por el sujeto. Desde la perspectiva idealista, nuestro conocimiento no llega a las cosas tal como ellas son, sino al aparecer de las cosas en nuestra conciencia, a lo que se denomina fenómeno. ¿Cómo se llega al idealismo? Los primeros desarrollos que conducen al idealismo los encontramos en Descartes, para quienes la realidad es puesta en duda. Hay una nueva evidencia racional dada por el sujeto que piensa. Puede no haber mundo exterior, pero no puede no haber sujeto pensante. Con Descartes el sujeto ha pasado al primer plano. Descartes no es un idealista, porque después de señalar que es una cosa que piensa, demuestra la existencia de Dios. Concluye la existencia del mundo externo. Como postura opuesta al racionalismo, podría pensarse que en el empirismo hay una fuerte base para las posiciones realistas. Esto no es así. El empirista, sostiene que no hay otro conocimiento que el que produce la percepción.

Kant: El Idealismo Trascendental

Immanuel Kant nació en Prusia entre 1724 y 1804, él mismo confiesa la lectura de Hume. Según Kant, el conocimiento es producto de la unión de dos elementos: una materia y una forma. El espacio y el tiempo son formas, moldes, recipientes que están en el sujeto de conocimiento y que sirven para ordenar las sensaciones procedentes de la cosa en sí. Disponiendo las sensaciones espacial y temporalmente se constituye el fenómeno. El fenómeno es el resultado de las sensaciones procedentes de la cosa en sí ordenadas por el espacio y el tiempo que están en el sujeto de conocimiento. Espacio y tiempo son llamados por Kant formas a priori de la sensibilidad, es decir, elementos independientes de la experiencia que posibilitan el conocimiento sensible. Espacio y tiempo son subjetivos en el sentido de que están en el sujeto, pero no debe interpretarse que cada sujeto de conocimiento posee su propio espacio y su propio tiempo. También el conocimiento inteligible hay una materia y una forma. La materia del conocimiento inteligible es el fenómeno, esto es, lo dado a la inteligencia, pero de por sí, los fenómenos no constituyen conocimientos intelectuales, si no son pensados por la inteligencia. El elemento formal está constituido por las categorías o conceptos puros del entendimiento. Las categorías juegan respecto de los fenómenos la misma función que el espacio y el tiempo desempeñan respecto a las sensaciones: el mundo de los objetos, constituido por los fenómenos, es ordenado en la medida en que es pensado mediante las categorías. A las categorías Kant las llama, formas a priori del entendimiento, o sea, elementos vacíos independientes de la experiencia y que son la condición de posibilidad del conocimiento intelectual. Las categorías están en el sujeto de conocimiento, en este sentido son subjetivas, pero son las mismas para todos los sujetos del conocimiento. Más allá del entendimiento, la razón puede pensar, pero no conocer porque no hay un elemento que le sea dado, las ideas de alma, mundo y Dios, que constituyen una suerte de horizontes de la razón pura. Kant resume en una frase gran parte de lo expuesto: intuiciones sin conceptos son ciegas y conceptos sin intuiciones son vacíos. Por intuiciones entiende lo “dado”, es decir, la materia, las sensaciones en el conocimiento sensible y los fenómenos en el conocimiento intelectual; por “conceptos” entiende el elemento formal: espacio y tiempo en el conocimiento sensible, las categorías en el conocimiento intelectual. Lo que la frase dice es que “lo dado” inmediatamente constituye un puro caos; así, las sensaciones solas son ciegas, caóticas. Pero la contrapartida de esto es que los conceptos, es decir, las formas puras, espacio, tiempo y categorías por sí solos nada pueden conocer. Consecuencia de la teoría kantiana es la cosa en sí es misteriosa; es decir, no podemos conocer las cosas más que a través de nuestro instrumental gnoseológico: espacio, tiempo y categorías. La postura de Kant es un idealismo porque en ellas el sujeto elabora, construye o constituye al objeto, bien que a partir de una materia que le es dada. Desde la posición kantiana no hay posibilidad de conocimiento metafísico.

A Modo de Conclusión

Las disputas de los siglos XVII y XVIII tienen lugar en el marco de la conformación de la mentalidad moderna y el desarrollo del capitalismo y la ciencia. El problema del conocimiento sigue debatiéndose en la filosofía contemporánea. La tesis de Piaget, que se apoya en una importante fundamentación empírica, es que el proceso de conocimiento es imposible sin la actividad del sujeto que no capta ni puede captar pasivamente el objeto. Las posiciones de Piaget parecen acercarse bastante a las kantianas. Otro autor, Karl Popper, también ha criticado a empiristas y racionalistas, por más que se reconoce como una mezcla de ambos, al señalar que ni la observación ni la razón pueden considerarse como fuente últimas del conocimiento y que no tiene muchos sentido preguntarse por fuentes de carácter genético cuando lo que importa es establecer la validez o invalidez de los presuntos conocimientos. Es importante aclarar que tanto en Piaget como en Popper, así como en muchos otros autores contemporáneos, las cuestiones gnoseológicas derivan en epistemología, es decir, en teorías del conocimiento científico.

Ética y Filosofía Política en los Siglos XVIII y XIX

El Problema: A veces decimos de alguien: “obró bien, cumplió con su deber” o “hizo bien, estudió tal carrera y ahora es muy feliz en su profesión”. Cumplir con el deber o alcanzar la felicidad son dos pautas que pueden guiar el obrar y que a veces conducen a los mismos actos, pero otras veces no. ¿Hay otras pautas para guiar la conducta humana? La ética es la parte de la filosofía que se ocupa del obrar humano. La ética pretende discutir el valor de las normas, su legitimidad más allá de su legalidad, buscar sus fundamentos. Las discusiones éticas, tienen lugar en el plano del debe ser, y no, meramente, del ser, como en los problemas ontológicos o gnoseológicos estudiados hasta acá. La ética lo que discute es si deben o no cumplirse las promesas efectuadas. Aristóteles distinguía 3 niveles en el obrar y correspondientemente en el estudio del mismo, que constituyen lo que llama la “filosofía práctica”: el obrar del individuo, el obrar de la familia, y el obrar de la sociedad (polis). De este último surge la palabra “política” que designa en Aristóteles una especie de filosofía social global.

La Ética Kantiana y el Utilitarismo Ético

La Ética Kantiana

Las normas morales y jurídicas de un pueblo se constituyen generalmente a partir de las tradiciones religiosas. En la Europa medieval, más allá de las diferencias entre los pueblos que la conforman, la religión católica es la fuente de las normas morales y jurídicas, que dejan poco margen para el desarrollo de ideales de vida individuales que contradigan las tradiciones sociales. Con la reforma protestante y las guerras de religión de siglo XVII se quiebra la unidad religiosa y la idea de fundamentar la moral y el derecho en la religión cede su paso a una concepción que busca establecer normas universales fundamentadas racionalmente. La ética de Kant, expuesta en la Fundamentación de la metafísica de las costumbres y en la Crítica de la razón práctica, constituiría el más elaborado intento por construir una ética universal de naturaleza racional. Según Kant puede hacer muchas cosas buenas como el valor, la decisión, la perseverancia y otras muchas cualidades, pero, ninguna de ellas puede ser llamada buena sin restricción porque cualquiera de estas puede ser mala y dañina si la voluntad que ha de hacer uso de ellas no es buena. Una voluntad buena, lo es en cualquier circunstancia y con independencia de que alcance un fin propuesto. Kant define el deber como la necesidad de una acción por respecto a la ley. Se refiere, a la ley moral universal, que la razón práctica da a la voluntad. Imperativo categórico, quiere decir que no debo obrar obras sino de acuerdo con máximas que puedan universalizarse. El imperativo categórico se constituye así en el fundamento racional de las normas morales que la modernidad buscaba. La ética kantiana es a priori, puesto que el imperativo categórico no depende de condiciones o circunstancias empíricas, es formal porque lo que enuncia es la condición general a que deben someterse las acciones para ser consideradas moralmente buenas, pero no dice en concreto o en particular qué es lo que debe hacer cada individuo; precisamente por dejar librada a cada individuo la elección de las máximas, con la sola restricción de que sean universalizables, la ética kantiana es autónoma.

El Utilitarismo Ético

Sobre el telón de fondo de las nuevas condiciones de vida gestadas por la revolución industrial de la segunda mitad del siglo XVIII, se desarrolla la corriente utilitarista a la que le interesa la cuestión social y ve en la ética un medio para promover un mejor estado de cosas en la sociedad. El liberalismo político, heredero del pensamiento de la ilustración, sostiene que los derechos individuales a la vida, las libertades, la propiedad privada, etc., deben ser preservados a toda costa; hay un área del individuo en la cual la sociedad no tiene injerencia; en ella, el individuo es libre y por ello, para el liberalismo se debe reducir la competencia del poder a las funciones de administración de justicia, defensa del territorio, educación y salubridad y, expresamente no debe intervenir en cuestiones religiosas. Al liberalismo político lo acompaña el liberalismo económico. En principio el liberalismo político y liberalismo económico pueden considerarse complementarios, para el primero es la persona la que debe ser protegida, mientras que para el segundo los derechos fundamentales correspondientes a la propiedad privada.

Modernidad y Posmodernidad

El Problema: La posmodernidad seguiría a la modernidad y se caracterizaría por constituir el resultado de la crisis de algunas grandes ideas que habrían caracterizado a la modernidad, es decir, al pensamiento de los siglos XVII, XVIII y XIX: la idea de progreso y futuro mejor, la idea de revolucionar el orden social injusto, la idea de que gracias a la ciencia se pueden alcanzar la verdad y el bienestar, etc.

Sociedad Postindustrial y Cultura Posmoderna

La sociedad postindustrial, también llamada capitalismo tardío, era tecnotrónica etc., se caracterizaría por un notable desarrollo de las fuerzas productivas, y una profunda modificación en la composición de las clases sociales: disminución de la cantidad de obreros agrícolas e industriales, aumento de profesionales liberales, técnicos, científicos y empleados. Las sociedades industriales se habían desarrollado sobre la base del modelo taylorista de producción en grandes series; en cambio en las sociedades postindustriales predominaría la producción de pequeñas series de artículos que son fabricados para una duración mucho más breve, ya que la constante innovación tecnológica los tornará viejos rápidamente. Dicho en forma gráfica: ya no hay unos pocos modelos de televisores o heladeras repetidos hasta el infinito, sino una infinita variedad; tampoco se pretende que estos artículos vayan a “durar toda la vida”, sino un corto periodo porque pronto serán reemplazados por modelos más avanzados. Por otra parte, el sector terciario, la producción de servicios, concentra la mayor parte de la población económicamente activa, porque la industria automatizada necesita menos personal, y el conocimiento es la fuerza de producción fundamental. Estos cambios han significado una modificación importante en varios órdenes y en particular han implicado nuevas demandas al sistema educativo, ya que la sociedad necesita individuos que tengan una buena formación general que les permita adaptarse a nuevas y nuevas tecnologías a lo largo de su vida productiva. Demás está decir que las sociedades postindustriales se han desarrollado plenamente en los llamados países capitalistas avanzados en la segunda mitad del siglo XX. Por otra parte, conviene señalar que el concepto mismo de sociedad postindustrial no es aceptado por otros autores que prefieren hablar de capitalismo tardío o capitalismo avanzado para resaltar que de lo que se trata es de la etapa del capitalismo multinacional en la que el capital se extiende en territorios o dominios antes no mercantilizados.

Las Ideas de Posmodernidad

La modernidad se había gestado en las ciudades comerciales de la baja edad media, en las que se había desarrollado el capitalismo y surgido una nueva clase social: la burguesía. La modernidad se había hecho autoconsciente en el siglo XVII. La revolución francesa con su lema “libertad, igualdad y fraternidad” y la democracia política forman parte del núcleo de las ideas de la modernidad que tanto influyen en nuestra revolución de mayo y, en general, en el proceso independentista en Hispanoamérica. Ya en el siglo XIX, el ideario socialista, que se considera en su mayor parte heredero del pensamiento de la ilustración, acentúa la defensa de la fraternidad y la igualdad ante la ley y reclamando una mayor igualdad socioeconómica, como condición para el desarrollo de la libertad de todos los miembros de la sociedad y no solo de unos pocos. La posmodernidad, como contrapuesta a la modernidad, sería la época del desencanto, de fin de las utopías; de la ausencia de los grandes proyectos que descansaban en la idea de progreso.

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