Fundamentos Filosóficos de Platón, Locke y Descartes: Ideas Clave

Platón desarrolló su pensamiento filosófico en Atenas a finales del siglo V a.C., en un contexto de crisis tras la Guerra del Peloponeso y la instauración del gobierno de los Treinta Tiranos. Desilusionado con la democracia ateniense, que consideraba corrupta e ineficaz, propuso un modelo de gobierno basado en la razón y la justicia, donde los filósofos fueran los gobernantes.

Discípulo de Sócrates, Platón plasmó sus ideas en La República, donde rechazó el relativismo de los sofistas y defendió una sociedad justa y ordenada. Hay un antecedente del “demiurgo” platónico en el “nous” de Anaxágoras; en Parménides encontró el referente del ser como el inicio de la “teoría de las ideas”, y aceptó el hecho de que existiera la realidad cambiante y el devenir, tomándolo de Heráclito. De su maestro Sócrates aprendió el sentido de la filosofía como purificación del alma y la búsqueda de una existencia auténtica.

Uno de sus aportes clave fue el dualismo ontológico, que divide la realidad en dos mundos: el sensible, percibido por los sentidos, cambiante y engañoso; y el inteligible, donde habitan las ideas eternas e inmutables, es donde se encuentra la verdad. En la cúspide de este último se encuentra el Bien, comparado con el sol en el Mito de la Caverna. En este relato, los prisioneros encadenados representan a los humanos atrapados en la ignorancia. La liberación simboliza el proceso educativo, mientras que el regreso a la caverna expresa la responsabilidad del sabio de guiar a la sociedad. En política, Platón defendió que la justicia se logra cuando cada individuo cumple su función según su naturaleza: los gobernantes, es decir, los filósofos, son los que han de gobernar para traer la justicia y la armonía a la ciudad, por medio de la inteligencia y la sabiduría tanto en lo privado como en lo público; los guerreros, el valor; y los productores, el deseo. La educación es esencial en este sistema y, a diferencia de la enseñanza sofista basada en la retórica, debe guiar al conocimiento y la purificación del alma. Platón rechazó la democracia porque permitía que cualquier ciudadano sin preparación accediera al poder. En su lugar, propuso una aristocracia del conocimiento, donde los filósofos, por su sabiduría, gobernarían en beneficio de la comunidad. Sus ideas influyeron en la filosofía occidental, sentando las bases del idealismo y dejando un legado en la política, la ética y la educación.


John Locke y el Empirismo

John Locke, filósofo empirista y padre del liberalismo político, sostenía que todo conocimiento proviene de la experiencia sensorial, rechazando la existencia de ideas innatas y describiendo la mente humana al nacer como una «tabula rasa». Su obra Dos tratados sobre el gobierno civil fue clave en el pensamiento político moderno, al plantear la necesidad de un gobierno basado en el consentimiento y la protección de los derechos individuales. La filosofía de este autor se ubica en el desarrollo de lo que podemos denominar corriente del empirismo inglés, que tiene sus inicios a finales del siglo XVII y XVIII, en Inglaterra, tras la instauración del modelo parlamentario.

Locke distinguió entre el estado de naturaleza y el estado civil. En el estado de naturaleza, las personas son libres e iguales, regidas por la ley natural, que les otorga derechos fundamentales como la vida, la libertad y la propiedad. Sin embargo, este estado es inestable, ya que algunos individuos actúan irracionalmente, no existen leyes claras y no hay una autoridad para hacerlas cumplir, lo que genera conflictos e inseguridad.

Para evitar el caos, surge el estado civil mediante un pacto social donde los individuos ceden sus poderes naturales (legislar y castigar) a una autoridad legítima, pero sin renunciar a sus derechos fundamentales. Locke rechaza cualquier forma de absolutismo, pues considera que un gobierno sin el consentimiento de los ciudadanos es ilegítimo.

Propone una división de poderes para evitar abusos: el poder legislativo, encargado de crear leyes y representado por el pueblo; el poder ejecutivo, responsable de aplicar las leyes y garantizar su cumplimiento (incluyendo el poder judicial); y el poder federativo, que gestiona las relaciones internacionales. Además, enfatiza que la ley debe estar por encima de gobernantes y ciudadanos, y si el gobierno incumple el contrato social o abusa de su poder, los ciudadanos tienen derecho a la rebelión.

Las ideas de Locke influyeron profundamente en el desarrollo del liberalismo político, económico y social, inspirando la Revolución Gloriosa en Inglaterra, la Revolución Americana y el pensamiento democrático moderno.


René Descartes y el Racionalismo

Descartes publicó El discurso del método en 1637, en un contexto de transformación social, política y científica. La burguesía consolidaba su influencia, las monarquías absolutas se afianzaban y la revolución científica, con Copérnico, Galileo y Kepler, ponía en duda la visión tradicional del universo. En respuesta a la crisis del pensamiento medieval y la incertidumbre filosófica, Descartes buscó un método seguro para alcanzar el conocimiento verdadero, basado en la razón.

Para ello, desarrolló la duda metódica, cuestionando todo lo que pudiera ser falso. Consideró que los sentidos nos engañan y planteó la hipótesis del genio maligno, una entidad que podría estar distorsionando nuestra percepción de la realidad. Sin embargo, encontró una verdad indudable: pienso, luego existo (cogito, ergo sum), que demostraba la existencia del pensamiento y, por lo tanto, del sujeto que piensa.

Inspirado en la matemática, formuló un método basado en cuatro reglas fundamentales: evidencia (aceptar solo lo que sea claro y distinto), análisis (dividir cada problema en partes más simples), síntesis (ordenar el conocimiento desde lo más simple hasta lo más complejo) y recapitulación (revisar todo el proceso para evitar errores). Aplicando este método a la metafísica, distinguió tres tipos de ideas: innatas (como la idea de Dios y la perfección), adventicias (provenientes de la experiencia) y facticias (creadas por la imaginación).

A partir de la idea de perfección, argumentó que Dios debe existir, ya que un ser imperfecto como el humano no podría concebir la idea de un ser perfecto sin que este existiera realmente. Como Dios no engaña, se puede confiar en la existencia del mundo exterior y del conocimiento basado en la razón.

Descartes clasificó la realidad en tres sustancias: Dios (sustancia infinita y creadora), alma o pensamiento (res cogitans, cuya esencia es el pensamiento) y materia o extensión (res extensa, cuya esencia es ocupar espacio). De esta distinción surge el dualismo cartesiano, que sostiene que mente y cuerpo son entidades separadas pero que interactúan a través de la glándula pineal, ubicada en el cerebro.


Su filosofía sentó las bases del racionalismo, corriente que defiende que el conocimiento proviene principalmente de la razón y no de la experiencia. Su método influyó profundamente en la ciencia moderna, la Ilustración y el pensamiento filosófico, generando tanto seguidores como críticos. Filósofos racionalistas como Spinoza y Leibniz continuaron su legado, mientras que empiristas como Locke y Hume lo desafiaron al afirmar que el conocimiento proviene de la experiencia sensorial.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *