Fundamentos del Empirismo y Racionalismo: Hume y Descartes
La **Filosofía Moderna** se caracteriza fundamentalmente por centrarse en la **teoría del conocimiento**, planteándose cuestiones esenciales sobre su naturaleza y adquisición. En este contexto surgieron dos corrientes principales:
- El **racionalismo**, que defendía que el conocimiento surge de la razón y las ideas innatas, utilizando el método deductivo y representado por pensadores como **Descartes**, **Spinoza** y **Leibniz**.
- El **empirismo**, que surgió como una crítica al racionalismo, afirmando que el conocimiento proviene de la experiencia sensible, negando las ideas innatas y utilizando el método inductivo, con representantes como **Hume**, **Locke** y **Berkeley**.
El Empirismo de Hume: Percepciones, Críticas y Moral
Dentro de esta tradición empirista, **Hume** desarrolló una teoría del conocimiento basada en las **percepciones**, que dividió en dos tipos: las **impresiones**, que son experiencias directas y vividas provenientes de los sentidos externos e internos, y las **ideas**, que son copias menos intensas de las impresiones. Estas ideas pueden ser simples, derivadas directamente de impresiones, o complejas, formadas por combinaciones de ideas simples. Según Hume, las ideas se asocian mediante tres principios fundamentales: la **semejanza** (agrupación por similitud), la **contigüidad** (agrupación por proximidad) y la **causalidad** (agrupación por relación causa-efecto).
A partir de estos fundamentos, Hume desarrolló tres críticas fundamentales que revolucionaron el pensamiento filosófico:
- Su **crítica a la causalidad** argumentaba que no existe una impresión sensible de la relación causa-efecto, sino que solo percibimos la sucesión temporal de acontecimientos. La causalidad sería, por tanto, producto del hábito y la costumbre, lo que cuestionaba la certeza absoluta de la ciencia y convertía el conocimiento científico en meramente probabilístico.
- Su **crítica a la sustancia** señalaba que no hay impresión de una sustancia subyacente, sino solo un conjunto de impresiones agrupadas, lo que ponía en duda la existencia de una realidad absoluta y reducía la realidad externa a una creencia de sentido común.
- Su **crítica al yo** sostenía que no existe una impresión del yo como entidad permanente, sino que este es una sucesión de estados mentales y emociones, rechazando así el yo cartesiano como sustancia pensante.
En el ámbito moral, Hume aplicó el mismo criterio empirista, argumentando que el bien y el mal no son conceptos racionales sino emocionales. Criticó el intelectualismo moral de Sócrates y Platón, estableciendo que la moral se basa en sentimientos y emociones, principalmente en las sensaciones básicas de placer y dolor. Lo bueno se asociaría al placer y lo malo al dolor. Aunque esto hace que la moral sea subjetiva, Hume explicaba su universalidad a través de la naturaleza social del ser humano, la cultura y educación compartidas, y especialmente mediante el papel fundamental de la **empatía** (que él llamaba *simpatía*), que permite la cooperación y ayuda desinteresada.
Las consecuencias de este sistema filosófico fueron profundas. En el ámbito epistemológico, cuestionó la posibilidad de verdades absolutas y transformó la certeza en probabilidad. En el metafísico, problematizó conceptos tradicionales como sustancia, causalidad e identidad personal. En el moral, fundamentó la ética en las emociones y explicó la universalidad moral desde lo social. El pensamiento de Hume representa así una de las críticas más profundas al conocimiento tradicional, influyendo significativamente en el desarrollo posterior de la filosofía y la ciencia, y anticipando muchos debates contemporáneos sobre la naturaleza del conocimiento, la identidad personal y los fundamentos de la moral.
El Racionalismo de Descartes: Método, Ideas y Sustancias
**Descartes** revolucionó el pensamiento filosófico al plantear que el fracaso en la búsqueda de la verdad se debía a la ausencia de un método adecuado. Inspirándose en las matemáticas y la geometría, por considerarlas las únicas disciplinas que aportaban conocimientos seguros, desarrolló un método sistemático basado en la deducción, expuesto en su obra *»El discurso del método»*.
Este método consta de dos momentos fundamentales (intuición y deducción) que se desarrollan en cuatro pasos. El primero y más crucial es la **duda metódica**, que consiste en someter todo conocimiento a una duda radical y sistemática: se duda de los sentidos por su falibilidad, de la distinción entre vigilia y sueño, y se plantea la hipótesis de un genio maligno que nos engaña constantemente. A través de este proceso, Descartes llega a la primera verdad indudable: el *»cogito ergo sum»* (pienso, luego existo), pues aunque dudemos de todo, no podemos dudar de que estamos dudando, y por tanto, existiendo. Esta primera verdad establece el criterio cartesiano de verdad: solo puede considerarse verdadero aquello que se presente de forma **clara** (indudable) y **distinta** (inconfundible).
Los siguientes pasos del método son el análisis (descomposición de problemas en elementos más simples), la síntesis (reconstrucción mediante deducción) y la enumeración (verificación del proceso). En su análisis del pensamiento, Descartes distingue tres tipos de ideas: **adventicias** (provenientes del exterior), **facticias** (elaboradas por el sujeto) e **innatas** (presentes en la razón desde el nacimiento), siendo estas últimas las únicas que proporcionan conocimiento seguro.
La Existencia de Dios y los Tipos de Sustancias
La existencia de Dios ocupa un lugar central en la filosofía cartesiana, quien la demuestra mediante tres argumentos: primero, la idea de un ser infinito y perfecto solo puede provenir del propio Dios; segundo, la definición de Dios como ser perfecto implica necesariamente su existencia (argumento ontológico); y tercero, nuestra propia existencia requiere una causa superior que solo puede ser Dios. La demostración de la existencia de Dios es crucial porque, siendo un ser perfecto y bondadoso, garantiza la existencia del mundo exterior y nos libera del solipsismo al que conducía el cogito.
Descartes identifica tres tipos de **sustancias** (definidas como aquello que existe por sí mismo): la **sustancia infinita** (Dios), caracterizada por su infinitud; la **sustancia pensante** (*res cogitans*), caracterizada por el pensamiento y manifestada como entendimiento y voluntad; y la **sustancia extensa** (*res extensa*), caracterizada por la extensión e identificada con la materia. Esta división conduce a una concepción mecanicista del universo, donde todo funciona como una gran máquina regida por leyes matemáticas, y al dualismo antropológico, que concibe al ser humano como la unión de cuerpo (sustancia extensa) y alma (sustancia pensante) conectadas mediante la glándula pineal.
Este sistema filosófico representa uno de los pilares fundamentales del racionalismo moderno, estableciendo las bases para una nueva comprensión del conocimiento, la realidad y la naturaleza humana, e influyendo decisivamente en el desarrollo posterior del pensamiento occidental.