Los Presocráticos: Orígenes de la Filosofía y la Búsqueda del Arkhé

Tales de Mileto (siglo VI a.C.)

Considerado uno de los Siete Sabios de Grecia, Tales de Mileto fue el primero en concebir las cosas como manifestación de un principio o razón únicos: el agua. Para Tales, el arkhé de la naturaleza era el agua física, a partir de la cual nace todo; el agua es el principio de la vida. Aquí, el agua adquiere dos sentidos:

  • Mitológico: Continúa los mitos de Titán Océano y Tetis.
  • Metafísico u ontológico: El agua es el origen constituyente del Ser.

Toda la filosofía de Tales se basaba en la observación. No consideraba el principio o razón como un concepto, sino como una realidad física permanente.

Anaximandro (siglo VI a.C.)

Discípulo de Tales de Mileto, Anaximandro incorporó en su filosofía conocimientos astronómicos procedentes de Babilonia. Sus convicciones se pueden sintetizar en tres grandes núcleos de problemas:

  1. La infinitud del cosmos: El arkhé de la realidad para él es el ápeiron, lo indeterminado, el caos. Aunque llega un momento en el que lo indeterminado se vuelve determinado y viceversa. Es un ciclo, es el destino. Esta indeterminación no es caprichosa; todo se rige por una ley.
  2. El espíritu geométrico: Su concepción del universo es mítica. Pero la respuesta de por qué todo está en equilibrio es matemática; para ello, recurre a un concepto geométrico: la equidistancia. Por primera vez, se explica la armonía por las relaciones matemáticas.
  3. La concepción cíclica de la existencia: Nacemos por necesidad. A lo largo de la vida, los seres entran en conflicto entre sí, pagando el precio por haberse separado de su origen común. Como necesidad nacieron, como necesidad morirán, volviendo a una unidad originaria.

Anaxímenes (siglo V a.C.)

Posiblemente discípulo de Anaximandro, Anaxímenes concluyó que el arkhé es el aire, el aire físico pero con principios metafísicos. El aire no se puede tocar, pero sí lo percibimos. Todo se crea a partir del aire. Además, afirma que el aire nace mediante los procesos de condensación y rarefacción.

Heráclito de Éfeso (siglo V a.C.)

Para Heráclito, el arkhé de la realidad es el fuego, aunque se entiende el fuego como una metáfora. El fuego se mueve (con la llama), este movimiento es lo que produce el cambio. El fuego es, por tanto, movimiento y cambio, eso es el verdadero arkhé de la realidad.

Todo este movimiento (creación-muerte) es lógico. El fuego se entiende como una capacidad racional elevada. Ese movimiento, el fuego, está regido por una ley, es logos, orden, razón.

Así, todo nace de la oposición de contrarios; la realidad surge con un enfrentamiento entre el bien y el mal, el blanco y el negro. Aunque todo sea destrucción-creación, el logos sabe muy bien hasta dónde quiere llegar, tiene sus límites y crea la armonía en la Naturaleza.

A diferencia de los tres milesios que buscaban el sustento del cambio, para Heráclito, el cambio es el arkhé y esto es así porque tiene que serlo. La imagen del fuego es de destrucción; en cambio, para Heráclito tiene una ley que lo rige. El logos = razón = universal, crea la armonía, incluso en esta lucha de la oposición de contrarios. Para crear hay que destruir.

Pitagóricos

Pitágoras (siglos VI-V a.C.), procedente de Samos, se trasladó a la Magna Grecia, donde fundó una serie de comunidades y escuelas (los Pitagóricos) que tuvieron gran influencia en el pensamiento posterior. Sus principios básicos fueron:

  1. La armonía cósmica: El universo lo entiende con el sol en el centro, un sistema heliocéntrico, aunque utiliza una metáfora para explicarlo, nombra al Sol como Zeus. Así, el universo está concebido debido a una armonía matemática; por ello, el arkhé de la realidad es el número.
  2. La metafísica del número: Para ellos, el arkhé de la realidad es el número, lo que quiere decir que toda la realidad está contenida en un número. Los números ponen el orden, la armonía. La armonía se puede expresar matemáticamente.
  3. El alma humana: El hombre es, sobre todo, alma; el cuerpo es tan solo una cárcel para el alma, a la que consideran inmortal, puesto que se reencarna. Atributos del alma:
  • Capacidad cognoscitiva: gestora de ideas y conocimiento, es entendimiento.
  • Poder de razonamiento: no solo conoce sino que relaciona ideas, induce, deduce, saca conclusiones, etc.
  • Sensibilidad afectiva: es el origen de los sentimientos y afectos.
  • Discernimiento moral: sede del sentido moral.
  • Facultad reproductiva: por ella se transmite la vida, de padres a hijos.
El valor de la educación: Es muy importante la educación, el saber, el mejorar al hombre. La educación es saber controlar el cuerpo para guiarse por el alma; hay que tener voluntad, querer y disciplina para controlar ese cuerpo. Platón, admirador de los pitagóricos, se fundamentó en esto. La política: Los pitagóricos impusieron la aristocracia, el gobierno de los mejores. Cuando nos referimos a los mejores, lo hacemos a los mejores intelectualmente, los más inteligentes.

Parménides de Elea (siglos V-IV a.C.)

Para Parménides, el arkhé de la realidad es el Ser, lo que nosotros entendemos como existir; nosotros existimos porque es así, por necesidad. El problema es cómo podemos conocer al ser; para ello, el conocimiento tiene dos vías diferentes:

  1. Primera vía: vía de la verdad (episteme): De aquí viene nuestra ciencia, viene de la razón. Todas las cosas que percibimos pertenecen al ámbito de este Ser único, en el que todo está contenido desde siempre. Incluso el pensamiento pertenece al Ser, porque siempre que pensamos, pensamos algo o en algo. De esta afirmación se deduce que las cosas no pueden diferenciarse entre sí porque: o se diferencian porque algo es, o se diferencian porque algo no es. El único camino que podemos tomar es el de reconocer que todo está contenido en el Ser. Situar algo fuera de él supondría decir que puede venir del no ser, de la nada, y eso es un absurdo.
  2. Segunda vía: vía de la opinión (doxa): Lo que viene de los sentidos. Esta vía es la que menos vale. Si existiese un enfrentamiento entre la doxa y la episteme, no contaría la doxa, los sentimientos, tan solo la razón.

Por tanto, las características del ser serían:

  • El Ser es único. Se manifiesta de distintas maneras, pero solo existe uno.
  • Es eterno, no nace ni muere.
  • Es inmutable, el Ser siempre es ser. (El ser no puede pasar del Ser al no Ser).
  • Es totalidad. Lo es todo.

Gran parte de la metafísica de Platón (el mundo de las ideas) parte de esta teoría.

Empédocles (siglo V a.C.)

El arkhé de la realidad sería lo que Aristóteles define como los cuatro elementos: tierra, agua, aire y fuego. Serían las raíces. El proceso de formación es el mismo que el ápeiron; para formar una realidad se necesitan los 4 elementos. Dependiendo de los elementos que tenga un objeto (en mayor o menor cantidad), será un objeto u otro.

Empédocles introdujo una importante novedad: las combinaciones de los elementos se efectúan y se rompen porque en la Naturaleza actúan dos fuerzas opuestas: amor-odio. Con lo primero se crea, con lo segundo se destruye. Sería un símil con paz-guerra.

Muchas ideas de Empédocles influirán en Platón.

Anaxágoras (siglo V a.C.)

Anaxágoras continuó con la mentalidad combinatoria de Empédocles, con una gran novedad de los seres: los seres son diversos, pero su composición no es fruto del azar o de la necesidad, ni tampoco de la confrontación amor-odio, sino consecuencia de la acción de una inteligencia.

  1. Composición y diversidad de los seres: El arkhé de la realidad son las homeomerías. Todos los seres se componen por homeomerías, partículas divisibles hasta el infinito, de muchas clases y que se combinarían en proporciones distintas, dando origen a la diversidad de seres.
  2. La inteligencia motriz: Introdujo la acción de una inteligencia. Esta inteligencia (nous) combina las homeomerías y establece unas leyes, una estructura.

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