Friedrich Nietzsche
Metafísica y Teoría del Conocimiento
Friedrich Nietzsche fue un filósofo alemán de corriente vitalista, considerado uno de los pensadores más influyentes del siglo XIX. Fue un crítico radical de la cultura occidental y precursor de corrientes como el nihilismo.
Según Nietzsche, la vida es la naturaleza última de toda realidad. La vida, al no poder definirse completamente, escapa a los conceptos abstractos. Su filosofía es, por tanto, vitalista. Su idea central es que la vida es el valor supremo y la fuente de todo valor. Influido por Schopenhauer (1788-1860), Nietzsche considera que la vida es fundamentalmente voluntad de poder: una fuerza creadora, un impulso ciego de expansión y superación. Sin embargo, a diferencia de Schopenhauer, Nietzsche no ve la voluntad solo como origen del dolor (ya que querer implica deseo y, por tanto, potencial insatisfacción). Aunque la vida es inherentemente incompleta y temporal, y el dolor es parte de ella, Nietzsche se distancia del pesimismo schopenhaueriano.
Para Schopenhauer, el dolor podía mitigarse mediante el arte y la vida ascética (renuncia a los deseos). Nietzsche, en cambio, afirma que vivir es «decir sí» al dolor, asumir el carácter trágico de la existencia.
En su primera obra importante, El nacimiento de la tragedia, Nietzsche estudió el origen y la evolución de la tragedia griega. Presenta dos principios fundamentales que explican la cultura griega arcaica:
- Espíritu apolíneo: Representado por Apolo (dios griego del sol, la luz, la belleza), simboliza la razón, la medida, la armonía, la forma, la individuación. Se manifiesta en las artes plásticas y en la palabra (diálogos).
- Espíritu dionisíaco: Representado por Dionisio (dios del vino, la embriaguez, lo instintivo), simboliza la voluntad irracional, la desmesura, el caos, la fusión con la totalidad de la vida. Se manifiesta en la música y la danza.
Según Nietzsche, la grandeza de la tragedia griega residía en la síntesis equilibrada de ambos espíritus. Sin embargo, esta visión trágica del mundo fue decayendo a partir de Sócrates y Platón, quienes impusieron una sobrevaloración de lo racional (apolíneo) en detrimento de lo vital (dionisíaco).
Nietzsche denomina metafísica a toda concepción filosófica que, siguiendo a Platón, postula una división del mundo en dos: uno sensible (aparente, cambiante) y otro suprasensible (real, eterno, inmutable). La metafísica tradicional concibe el ser como algo fijo y eterno, desconfiando de los sentidos porque muestran un mundo en continuo devenir. A este mundo cambiante opone un «mundo inteligible» (el mundo de las Ideas platónicas, Dios en el cristianismo). Esta división se relaciona con una moral contranatural, que ve en los instintos y los sentidos una fuente de perdición. Nietzsche rechaza radicalmente esta dualidad: afirma que no existe otro mundo más allá del terrenal y que la idea de un mundo intemporal y eterno es un engaño producto del resentimiento contra la vida. Su rechazo a la metafísica se puede resumir en las siguientes tesis:
- Considerar el mundo terrenal como «aparente» es una calumnia contra la única realidad existente.
- Las propiedades atribuidas al «ser auténtico» (quietud, intemporalidad) son, en realidad, las propiedades del no-ser, de la nada, de la muerte.
- La invención de «otro mundo» o una «vida mejor» es una venganza contra la realidad, nacida del resentimiento y el odio hacia la vida tal como es.
- La división en dos mundos (verdadero y aparente) es un síntoma de una vida decadente, incapaz de aceptar la realidad en su totalidad.
En cuanto al conocimiento, Nietzsche sostiene que se desarrolla históricamente a través de la mentira y el fingimiento. El ser humano busca la «verdad» no por un deseo puro de conocimiento, sino por sus consecuencias prácticas y agradables para la supervivencia. La ciencia opera con conceptos, que son metáforas desgastadas, generalizaciones que han perdido su conexión con la experiencia vital única e intuitiva que originalmente reflejaban. El hombre científico, que confía en estos conceptos como si fueran la esencia de las cosas, se contrapone al hombre intuitivo, al artista. Este último, aun sabiendo que trabaja con apariencias y metáforas (mentiras conscientes), es capaz de crear nuevas perspectivas y valores. Para Nietzsche, el Arte es, en este sentido, superior a la ciencia y más cercano a la verdadera Filosofía.
Los conceptos solo capturan lo común, lo general, pero las palabras no pueden aprehender la riqueza irrepetible de lo vivido; solo lo representan parcialmente. La «verdad», entonces, no es algo absoluto, sino una perspectiva útil, una interpretación influenciada por la costumbre y la necesidad vital. No hay hechos, solo interpretaciones.
Crítica de la Moral
Nietzsche desarrolla su crítica radical de la moral occidental, especialmente la judeocristiana, en obras como Más allá del bien y del mal y Genealogía de la moral. Utiliza un método genealógico para investigar el origen histórico y psicológico de los conceptos morales y cómo se impusieron como valores dominantes.
Rechaza el dogmatismo moral, es decir, la creencia en la objetividad y universalidad de los valores morales. Para Nietzsche, los valores son siempre creaciones humanas, proyecciones de nuestra subjetividad, instintos, pasiones y, sobre todo, de la voluntad de poder.
Afirma que los términos «bueno» y «malo» tienen un doble origen histórico y una doble significación, correspondientes a dos tipos de moral:
- Moral de señores (o de nobles): Propia de las aristocracias guerreras de la antigüedad. Aquí, «bueno» era sinónimo de noble, fuerte, superior, creador de valores desde la afirmación de sí mismo. «Malo» era lo plebeyo, lo débil, lo vulgar, lo simple.
- Moral de esclavos (o de rebaño): Nacida del resentimiento de los débiles y oprimidos contra los señores. Esta moral invierte los valores: «bueno» pasa a ser lo que antes era despreciado (humilde, manso, compasivo, paciente), mientras que «malo» se identifica con lo que antes era bueno (orgulloso, fuerte, egoísta). Esta inversión comenzó, según Nietzsche, con el pueblo judío y culminó con el cristianismo, que la extendió por Occidente.
Nietzsche diagnostica que en la Europa moderna predomina la moral de rebaño, cuyos valores (igualdad, compasión, democracia, socialismo) son herederos directos del cristianismo y síntomas de decadencia vital. Para superar esta moral decadente, es necesaria la aparición de una nueva clase de «hombres fuertes», filósofos legisladores, espíritus libres que encarnen al Übermensch (superhombre). Este nuevo tipo humano será capaz de destruir los viejos valores y crear nuevos valores basados en la afirmación de la vida y la voluntad de poder. El superhombre debe realizar la transvaloración de todos los valores.
La actitud contraria a la afirmación dionisíaca de la vida es la decadencia o el nihilismo pasivo: la negación de la voluntad de poder. Sus síntomas son la falta de aspiraciones elevadas, el conformismo, el aferrarse a la felicidad fácil y los pequeños placeres, la huida del dolor y del riesgo. El hombre decadente es, para Nietzsche, mediocre y gregario.
El Problema de Dios y el Nihilismo
El nihilismo, en su aspecto negativo, constituye la esencia de la tradición platónico-cristiana. La metafísica, al inventar un mundo suprasensible y devaluar el mundo sensible (el único real para Nietzsche), ha conducido históricamente al nihilismo como negación de la vida y la voluntad de poder.
Nietzsche simboliza la culminación de este proceso en la modernidad con su célebre frase «Dios ha muerto». Esto no significa simplemente la pérdida de la fe religiosa en un sentido estricto, sino la caída de todos los valores absolutos y fundamentos suprasensibles (la Verdad, el Bien, la Razón) que sostenían la cultura occidental. La muerte de Dios deja al ser humano sin brújula, sin un sentido trascendente para la vida. Surge así una forma de nihilismo caracterizada por la angustia ante la falta de sentido. Si el ser humano no es lo suficientemente fuerte para afrontar esta verdad, se siente desamparado en lugar de liberado.
Eliminada la hipótesis de Dios como creador y garante del orden, el mundo aparece como un juego de fuerzas eterno. Si el universo es finito en cuanto a energía y espacio, pero infinito en tiempo, entonces todas las combinaciones posibles de fuerzas se repetirán necesariamente un número infinito de veces. Esta es la idea del eterno retorno de lo idéntico: la afirmación radical de la vida, aceptándola tal como es, con sus alegrías y dolores, hasta el punto de querer vivirla una y otra vez, idéntica, por toda la eternidad. Solo el hombre fuerte, el superior, el que se encamina hacia el superhombre, puede soportar y amar esta idea.
Según Nietzsche, el propio nihilismo (la constatación de la muerte de Dios y la falta de valores) puede ser superado. El nihilismo pasivo (decadencia) debe dar paso a un nihilismo activo, que destruya los viejos ídolos para dejar libre el camino a la creación de nuevos valores (la transvaloración). Esto conducirá a un nuevo tipo de hombre, el superhombre (Übermensch), que representa la superación del hombre actual. El superhombre es como un niño: creador, inocente, libre de prejuicios, que juega con la vida y afirma el eterno retorno. El hombre superior ignora los prejuicios sociales, rechaza la igualdad (que Nietzsche considera una artimaña de los débiles de espíritu, cristianos y socialistas), acepta las jerarquías naturales y mantiene una sana desconfianza hacia lo que proviene de la ‘plebe’.
Karl Marx
Problema del Conocimiento (y Contexto)
Karl Marx fue un filósofo, economista, sociólogo y revolucionario alemán del siglo XIX. Su pensamiento, desarrollado en colaboración con Friedrich Engels, influyó determinantemente en los movimientos obreros y en la historia posterior.
La obra de Marx se formó a partir de una triple influencia crítica:
- Filosofía clásica alemana: Especialmente Hegel (de quien toma la idea de dialéctica como motor de la historia, aunque invirtiendo su idealismo) y Feuerbach (de quien recoge la crítica a la alienación religiosa, pero considerándola insuficiente).
- Economía política inglesa: Principalmente Adam Smith y David Ricardo, de quienes toma herramientas de análisis económico, como la teoría del valor-trabajo, pero para criticar la economía capitalista.
- Socialismo utópico francés: Saint-Simon, Fourier, Owen. Marx recoge sus ideas socialistas y revolucionarias (como la crítica a la propiedad privada y la idea de la lucha de clases), pero critica su falta de base científica y su ingenuidad política.
Marx critica la filosofía idealista de Hegel por considerar que todo lo real es solo una manifestación del Espíritu Absoluto, de la Idea. Marx invierte esta concepción (materialismo): no es la conciencia o el pensamiento lo que determina la realidad social, sino la actividad material (la praxis, el trabajo) y las condiciones socioeconómicas las que determinan la conciencia.
Marx parte de la teoría del valor de David Ricardo para desarrollar su propia teoría del trabajo y la explotación. Según Ricardo, el valor de una mercancía (incluida la fuerza de trabajo) equivale al tiempo de trabajo socialmente necesario para producirla. Aplicado al trabajador, su salario debería equivaler al coste de los bienes necesarios para que él y su familia subsistan y puedan seguir trabajando.
Pero Marx observa que la fuerza de trabajo es una mercancía especial: al ser utilizada en el proceso productivo, genera un valor superior a su propio coste (es decir, produce más valor de lo que cuesta mantener al trabajador). Esta diferencia es la plusvalía. Esta plusvalía no se le restituye al trabajador, sino que es apropiada por el dueño de los medios de producción, el capitalista. La acumulación de esta plusvalía es lo que genera y acrecienta el capital. Este mecanismo de extracción de plusvalía es la base de la explotación capitalista, de las desigualdades sociales, de la división de clases y de la conversión del trabajo en un instrumento de alienación.
Problema del Hombre: Trabajo y Alienación
Según Marx, el ser humano es fundamentalmente un ser natural, social e histórico. Lo que lo define esencialmente y lo diferencia de los animales es el trabajo (praxis): la actividad consciente y social mediante la cual transforma la naturaleza para satisfacer sus necesidades y, al hacerlo, se transforma a sí mismo.
En el proceso de trabajo, intervienen:
- El objeto de trabajo: La naturaleza o materias primas que se transforman.
- Los medios de producción: Herramientas, máquinas, tecnología.
- La fuerza de trabajo: La energía y habilidades del trabajador.
- El producto: El resultado del trabajo.
El sujeto activo-productivo (el trabajador) se exterioriza, objetiva su esencia y su fuerza de trabajo en el producto. Esta objetivación debería ser una realización del ser humano. Sin embargo, bajo ciertas condiciones históricas (especialmente en el capitalismo), esta objetivación se convierte en alienación (o enajenación). El trabajo alienado significa que el trabajador experimenta su propia actividad y su producto como algo ajeno, extraño, hostil, que no le pertenece y que lo domina.
La alienación se produce fundamentalmente por:
- La propiedad privada de los medios de producción: El capitalista es dueño de las herramientas, fábricas, etc., y también del producto del trabajo.
- La división del trabajo: Especialmente la separación entre trabajo manual e intelectual, que fragmenta al trabajador y lo convierte en un apéndice de la máquina.
- La conversión del trabajo en mercancía: El trabajador vende su fuerza de trabajo como si fuera cualquier otra mercancía, deshumanizándose.
La división del trabajo profundiza la alienación porque: conduce a la separación entre trabajo manual e intelectual; las máquinas imponen el ritmo y las condiciones de trabajo; y consolida la lucha de clases, ya que los medios de producción están en manos de una minoría (burguesía) que explota a la mayoría (proletariado).
Marx distingue varias formas de alienación, interconectadas:
- Alienación económica: Es la forma fundamental, la raíz de las demás. El trabajador está alienado respecto a:
- El producto de su trabajo (no le pertenece).
- Su propia actividad productiva (no es libre ni creativa, sino forzada).
- Su esencia humana (su capacidad de transformar libremente la naturaleza).
- Los otros hombres (las relaciones sociales se convierten en relaciones entre cosas, mediadas por el dinero y la competencia).
- Alienación social y política: En la sociedad capitalista, la igualdad ante la ley y los derechos políticos son meramente formales si no existe una igualdad económica real. El Estado aparece como un poder ajeno que sirve a los intereses de la clase dominante.
- Alienación religiosa: Siguiendo a Feuerbach, Marx considera que Dios es una invención humana, una proyección de las cualidades humanas idealizadas. Pero, a diferencia de Feuerbach, Marx sostiene que la raíz de la alienación religiosa no está en un simple error intelectual, sino en las condiciones materiales de miseria y opresión. El individuo busca consuelo en un mundo imaginario (la religión) para evadir la miseria económica real. La religión actúa como el «opio del pueblo», adormeciendo la conciencia crítica y la capacidad revolucionaria.
Problema de Dios (Crítica de la Religión)
La filosofía hegeliana se dividió tras la muerte de Hegel en dos corrientes: la derecha (conservadora) y la izquierda hegelianas (crítica y progresista). Ludwig Feuerbach, figura clave de la izquierda hegeliana, desarrolló una influyente crítica de la religión, argumentando que la alienación religiosa surge del desconocimiento humano de que Dios es una invención propia, una proyección de las cualidades humanas más elevadas alienadas en un ser trascendente.
Marx consideró que la crítica de Feuerbach a la religión era acertada pero insuficiente, porque no explicaba las causas materiales de esa alienación. Para Marx, la alienación religiosa no es la causa de los males sociales, sino una consecuencia de la alienación económica y social. Deriva de las condiciones miserables de existencia: el individuo busca consuelo en un mundo trascendente para escapar de la miseria económica real y la opresión social.
La religión, además, cumple una función ideológica: justifica el orden social existente, legitima los privilegios de las clases dominantes y adormece la capacidad revolucionaria de las clases oprimidas (es el «opio del pueblo»).
Por lo tanto, para superar la alienación religiosa no basta con la crítica filosófica (como creía Feuerbach). Es necesaria la transformación radical de las condiciones socioeconómicas que la generan, mediante la actividad revolucionaria (praxis) del proletariado y la destrucción de la sociedad de clases. La crítica de la religión debe convertirse en crítica de la política y crítica de la economía.
Problema de la Sociedad: Materialismo Histórico y Lucha de Clases
La concepción marxista de la sociedad y la historia se denomina materialismo histórico. Su tesis fundamental es: «No es la conciencia del hombre la que determina su ser social, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia». Es decir, las condiciones materiales de vida (la forma en que los hombres producen sus medios de subsistencia) son la base que explica la organización social, política y las ideas de una época.
Marx distingue dos niveles fundamentales en toda sociedad:
- Estructura económica (o Base): Es el fundamento real de la sociedad, el elemento determinante en última instancia. Incluye:
- Las fuerzas productivas: Los elementos necesarios para la producción (fuerza de trabajo humana, medios de producción como herramientas, máquinas, tecnología, materias primas, tierra).
- Las relaciones de producción: Las relaciones sociales que los seres humanos establecen entre sí en el proceso de producción. Incluyen las relaciones técnicas (división del trabajo) y, fundamentalmente, las relaciones sociales de propiedad sobre los medios de producción, que definen las clases sociales (por ejemplo, amos y esclavos, señores y siervos, burgueses y proletarios).
- Superestructura: Es el conjunto de elementos jurídico-políticos (leyes, Estado, instituciones) e ideológicos (formas de conciencia social: religión, filosofía, moral, arte, etc.) que se levantan sobre la estructura económica y están condicionados por ella. Generalmente, la superestructura sirve para justificar y mantener el dominio de la clase que posee los medios de producción.
Marx utiliza el término ideología en dos sentidos principales:
- Sentido amplio: El sistema de ideas, creencias, valores y representaciones sociales propias de una época y sociedad determinada (la superestructura ideológica).
- Sentido restringido (crítico): Una falsa conciencia, una visión distorsionada de la realidad que enmascara los conflictos sociales y legitima los intereses de la clase dominante, presentando como universales y naturales los intereses particulares de dicha clase.
Según Marx, el motor de la historia es la contradicción entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción existentes. Cuando las relaciones de producción (por ejemplo, la propiedad privada capitalista) se convierten en una traba para el desarrollo de las fuerzas productivas (tecnología, capacidad productiva), se abre una época de revolución social que transforma la estructura económica y, con ella, la superestructura.
«La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases». Esta lucha entre clases con intereses antagónicos (explotadores y explotados) es la manifestación del conflicto entre fuerzas productivas y relaciones de producción.
La sociedad burguesa capitalista es, para Marx, la última formación social antagónica en este proceso. Se basa en la propiedad privada de los medios de producción por parte de la burguesía y la explotación del proletariado (la clase obrera, que solo posee su fuerza de trabajo). La propia dinámica del capitalismo (búsqueda incesante de plusvalía, concentración de capital, crisis periódicas, pauperización relativa del proletariado) agudiza sus contradicciones internas y crea las condiciones para su propia destrucción.
La explotación creciente de la clase obrera y la toma de conciencia de su situación serán el germen de la revolución proletaria. Esta revolución conducirá al establecimiento de la dictadura del proletariado, una fase de transición política en la que la clase obrera, convertida en clase dominante, utilizará el poder del Estado para expropiar a la burguesía, socializar los medios de producción y eliminar las bases de la sociedad de clases.
La dictadura del proletariado no es un fin en sí mismo, sino un medio para alcanzar la sociedad comunista: una sociedad sin clases sociales, sin propiedad privada de los medios de producción, sin explotación del hombre por el hombre, donde el trabajo sea una actividad libre y creativa, y donde el Estado, como instrumento de dominación de clase, se haya extinguido por innecesario. En la sociedad comunista, regirá el principio: «De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades».